Install Steam
login
|
language
简体中文 (Simplified Chinese)
繁體中文 (Traditional Chinese)
日本語 (Japanese)
한국어 (Korean)
ไทย (Thai)
Български (Bulgarian)
Čeština (Czech)
Dansk (Danish)
Deutsch (German)
Español - España (Spanish - Spain)
Español - Latinoamérica (Spanish - Latin America)
Ελληνικά (Greek)
Français (French)
Italiano (Italian)
Bahasa Indonesia (Indonesian)
Magyar (Hungarian)
Nederlands (Dutch)
Norsk (Norwegian)
Polski (Polish)
Português (Portuguese - Portugal)
Português - Brasil (Portuguese - Brazil)
Română (Romanian)
Русский (Russian)
Suomi (Finnish)
Svenska (Swedish)
Türkçe (Turkish)
Tiếng Việt (Vietnamese)
Українська (Ukrainian)
Report a translation problem

Te dices a ti mismo que todo está bien, que puedes con eso, que solo es cuestión de tiempo… pero por dentro se va acumulando una presión que ni tú sabes cómo acomodar.
Y de repente, sin aviso, llega ese momento en el que el cuerpo ya no aguanta más y las lágrimas empiezan a salir solas.Y está bien.
No es debilidad, no es derrota. Es simplemente una forma de desahogarte cuando ya no encuentras palabras. Llorar no siempre es algo malo; muchas veces es la única manera de soltar lo que te pesa, aunque sea un poco. Es ese espacio donde dejas caer lo que llevas guardado para poder seguir con algo más de claridad.No tienes que justificarlo, ni sentirte mal por sentir. Todos vivimos momentos así, aunque no lo digamos. Y al final, cuando te calmas y respiras, algo dentro de ti se acomoda, aunque sea despacio.
A veces llorar también es avanzar…
y a veces es la única forma de recordar que sigues aquí, intentando seguir adelante.