Install Steam
sign in
|
language
简体中文 (Simplified Chinese)
繁體中文 (Traditional Chinese)
日本語 (Japanese)
한국어 (Korean)
ไทย (Thai)
Български (Bulgarian)
Čeština (Czech)
Dansk (Danish)
Deutsch (German)
Español - España (Spanish - Spain)
Español - Latinoamérica (Spanish - Latin America)
Ελληνικά (Greek)
Français (French)
Italiano (Italian)
Bahasa Indonesia (Indonesian)
Magyar (Hungarian)
Nederlands (Dutch)
Norsk (Norwegian)
Polski (Polish)
Português (Portuguese - Portugal)
Português - Brasil (Portuguese - Brazil)
Română (Romanian)
Русский (Russian)
Suomi (Finnish)
Svenska (Swedish)
Türkçe (Turkish)
Tiếng Việt (Vietnamese)
Українська (Ukrainian)
Report a translation problem

todavía me acuerdo de cómo era tenerte cerca. Esa electricidad en el aire, ese juego peligroso entre lo que queríamos y lo que no nos animábamos a decir.
Un roce, una mirada sostenida demasiado tiempo, una excusa cualquiera para quedarnos un poco más cerca. Y cuando eso pasaba, el resto del mundo desaparecía, hasta que… volvía el ruido, los amigos, las risas, el Counter, y todo se rompía.
Sí, el Counter.
Tal vez si no hubiéramos pasado tantas noches entre partidas y auriculares, habríamos tenido esa historia que nunca terminamos de vivir.
Pero entre headshot y silencios, lo nuestro se quedó a mitad de camino: mitad secreto, mitad promesa. No sé si fue amor, locura o un bug del destino, pero todavía pienso en vos,
y en todo lo que pudo pasar si hubiéramos pausado el juego… aunque sea una vez.
Te amo incondicionalmente, tu gran amor que solo las sábanas podrán recordar.